¿Cuáles son los tipos de demencia?

Tipos de demencia

¿Cuáles son los tipos de demencia?

¿QUÉ ES LA DEMENCIA SENIL?

No son pocas las veces en que escuchamos hablar de “Demencia Senil”. Lo asociamos con personas de edad avanzada que han perdido su capacidad de razonamiento, son dependientes para todas las actividades diarias, necesitan supervisión, o tienen problemas de memoria.  Pero a pesar de que es un concepto ampliamente usado, sorprenderá saber que no existe como tal.

Lo que se conoce como “Demencia Senil” hace referencia a la Enfermedad de Alzheimer, responsable de la mayoría de casos de demencia (hasta un 50-70%). Pero no todas las demencias son Alzheimer, ni tienen los mismo síntomas, o el mismo pronóstico. Este término ha dado lugar a una asociación entre demencia y vejez y/o tercera edad. Creemos que al envejecer, nos demenciamos. O que todas las personas que sufren demencia son de edad avanzada. Pero nada más lejos de la realidad [1].

En primer lugar, el envejecimiento no conlleva per se un deterioro cognitivo y/o funcional inherente. Es decir, se puede envejecer sin deteriorarse de forma progresiva y alarmante. Actualmente se hace mucho énfasis en lo que conocemos como “envejecimiento activo”, que hace referencia a un proceso de envejecimiento caracterizado por un estilo de vida activo y participativo, tanto a nivel físico, como cognitivo y social [2].

En segundo lugar, demencia y edad avanzada no son conceptos que correlacionen directamente. Existen algunos trastornos neurodegenerativos que cursan con demencia (entendida como un proceso degenerativo global que merma la funcionalidad de quien lo padece), como la Demencia Frontal, el Corea de Huntington, o algunos casos de Enfermedad de Alzheimer, cuyos primeros síntomas aparecen en la edad adulta, antes de alcanzar la tercera edad (alrededor de los 40-50 años)  [3].

Por lo tanto, queda patente que el concepto Demencia Senil no es correcto: porque la edad no está asociada obligatoriamente a deterioro funcional, y porque existen otras enfermedades que cursan con demencia y aparecen antes de la tercera edad.

CARACTERÍSTICAS DE LA DEMENCIA

Como hemos comentado, la Demencia Senil no existe en sí misma como realidad unitaria. Más bien podemos hablar de “Demencias”, haciendo referencia a la afectación global que cursa con distintas enfermedades neurodegenerativas.

Actualmente, según el Manual Diagnóstico DSM-V, se hace referencia a estos déficit como “Trastorno Neurocognitivo”, que según la gravedad de los síntomas puede ser “mayor” o “menor”, y se caracteriza principalmente por [4]:

  • Evidencia de declive cognitivo comparado con el nivel previo, evidente tanto para la persona que lo padece como para los que le rodean; peores resultados en pruebas neuropsicológicas que miden las distintas funciones cognitivas como la atención, memoria o lenguaje
  • Este declive afecta a la vida diaria de la persona, tanto en la realización de actividades básicas como el cuidado y aseo personal, como en otras de cierta complejidad, como manejar dinero, olvidos a la hora de tomar la medicación, incapacidad de realizar las tareas del hogar de forma adecuada, o dificultad en realizar su trabajo
  • Estos déficits no se pueden explicar como consecuencia de un delirium (otro tipo de afectación caracterizada por un desorden en el nivel de conciencia, con afectación cognitiva, que se desarrolla en un breve período de tiempo y es de curso fluctuante)
  • Estos déficits tampoco se pueden atribuir a otros trastornos mentales, como depresión o esquizofrenia

Existen múltiples expresiones de este Trastorno Neurocognitivo. Si desea profundizar en ellas puede echar un vistazo a la tabla 1.

Subtipos de Trastorno Neurocognitivo según el DSM-V

Trastorno neurocognitivo debido a enfermedad de Alzheimer
Trastorno neurocognitivo vascular
Trastorno neurocognitivo frontotemporal
Trastorno neurocognitivo debido a traumatismo craneoencefálico
Trastorno neurocognitivo debido a demencia por cuerpos de Lewy
Trastorno neurocognitivo debido a enfermedad de Parkinson
Trastorno neurocognitivo debido a infección por el virus de inmunodeficiencia humana
Trastorno neurocognitivo inducido por sustancias
Trastorno neurocognitivo debido a enfermedad de Huntington
Trastorno neurocognitivo debido a enfermedad priónica
Trastorno neurocognitivo debido a otra condición médica
Trastorno neurocognitivo no clasificado en otro lugar

 

Como se puede apreciar en la tabla 1, existen muchos tipos de demencia (entendida como trastorno neurocognitivo), ya sea por causa primaria o secundaria.

Como podemos ver, la variabilidad es enorme. Normalmente, acostumbramos a relacionar “demencia” con la Enfermedad de Alzheimer, pero como queda patente, existen muchos tipos diferentes, y aunque en todos ellos hay una afectación de la Memoria en mayor o menor grado, no es ni el único problema ni el principal en muchos casos. Existen otros déficit que pueden llegar a ser muy incapacitantes, como por ejemplo, las alteraciones conductuales (la persona se vuelve desafiante, desobediente, arisca y, en los peores casos, agresiva), los problemas de insomnio (se despiertan muchas veces, o incluso deambulan desorientados en mitad de la noche), o incluso la ausencia de conciencia de enfermedad (a pesar de ser obvio, la persona no reconoce ni se da cuenta de la afectación que tiene).

Las diferencias no son solamente con respecto a la sintomatología presentada, sino que cada tipo de demencia se puede desarrollar de una forma distinta. Es decir, hay algunos tipos cuyo inicio suele ser más temprano (como en la Demencia Frontal), otras que se acompañan sobre todo por problemas en el movimiento (Demencia por Enfermedad de Párkinson), y otras que pueden ser reversibles (Trastorno Neurocognitivo inducido por sustancias).

No obstante, a pesar de las diferencias entre todas ellas, sí existe un punto común indiscutible: provocan una alta incapacidad global en quien la padece. La persona, antes o después, ve como su vida cambia: se da cuenta de que tiene dificultad a la hora de realizar algunas actividades que le son muy conocidas. Esta dificultad puede ir desde no ser capaz de seguir correctamente los pasos para preparar una receta,  hasta perderse en un lugar conocido, como por ejemplo, su propio barrio.

Poco a poco, esta dificultad se va extendiendo a todos los ámbitos de su vida, y va dejando de realizar actividades que siempre ha hecho, generando un aislamiento cada vez mayor.

Como se puede imaginar, todo esto no afecta solamente a la persona que lo padece, sino que también afecta a todos aquellos con los que convive. Ser testigo de cómo una persona que quieres se va deteriorando poco a poco no es nada agradable. Junto a esto, la responsabilidad que supone estar al cuidado de alguien que padece demencia tiene importantes repercusiones tanto a nivel físico como emocional.

CUIDARSE PARA CUIDAR

En este punto, es importante remarcar que la demencia no es una enfermedad que afecta de forma individual a la persona que la padece, sino que también desbarata todo su entorno, incluyendo su familia y amigos. Por este motivo, la intervención en estos casos no se debe limitar a paliar los síntomas físicos o cognitivos en la persona afectada, sino que hay que ir más allá, haciendo partícipe a la familia y amigos, quienes no solo toman parte como cuidadores, sino como afectados por las consecuencias de la enfermedad.

Con esto estoy haciendo referencia a lo que se conoce como “Síndrome del Cuidador Quemado”. Este término hace referencia a todo un espectro de síntomas físicos, cognitivos y emocionales que aparecen como consecuencia por el estrés que genera estar al cuidado de una persona con demencia. Estos síntomas incluyen: fatiga, dolores musculares, problemas de memoria y/o concentración, insomnio, irritabilidad, tristeza, sentimientos de culpa o aislamiento social [5].

Para paliar los efectos de este síndrome, es de crucial importancia que el cuidador solicite ayuda, tanto de allegados que puedan asistirle en la medida de lo posible, como de los profesionales, quienes le pueden ayudar tanto en el manejo de las distintas dificultades fruto de los síntomas de la demencia, como en el manejo del propio estrés.

PRONÓSTICO: Y AHORA, ¿QUÉ PASARÁ?

Por desgracia, el curso y evolución de la demencia es algo incierto. Se sabe que, en la mayoría de los casos, se produce un declive progresivo que se alarga durante años. El tiempo que dura el proceso depende de cada caso, así como las características de la evolución, que, aunque suelen seguir un patrón más o menos determinado, puede desenvolverse de formas diferentes, debido tanto a los distintos subtipos dentro de cada diagnóstico como a las características propias de la persona.

Como hemos comentado anteriormente, existen muchos tipos de demencia, y en cada una de ellas el curso y evolución es diferente. Por ejemplo, en la Demencia Vascular el curso típico se caracteriza por un inicio brusco y una evolución escalonada, es decir, de repente la persona sufre un declive global que es apreciable por su entorno, y este declive se acusa de forma importante durante un tiempo, para después estabilizarse en una especie de meseta en la que no hay una mejoría, pero tampoco un empeoramiento, y tras esto, sobreviene un nuevo declive. En las Demencias por Enfermedad de Alzheimer o Párkinson, el declive suele ser más insidioso y progresivo; es decir, comienza poco a poco, con pequeños signos de alarma que se van agravando de forma progresiva, sin períodos de estabilidad.

No obstante, por desgracia, los procesos demenciales (excepto en los casos en los que la causa de la demencia sea alguna enfermedad médica o abuso de sustancias, en los que tras resolverse la causa desaparece la sintomatología demencial) son progresivos e irreversibles.

Aceptar esta realidad es uno de los aspectos más duros, pero es importante estar preparados y ser conscientes, para así poder obtener los recursos adecuados que nos ayudarán en todo el proceso. Conocer estos recursos es de vital importancia, porque no sólo mejorarán la calidad de vida de la persona afectada y de sus cuidadores, sino que tratarán de contribuir a ralentizar el curso de la enfermedad.

INTERVENCIÓN: ¿CÓMO NOS PUEDEN AYUDAR?

Para exponer los distintos recursos disponibles de una forma más clara, podemos dividir los tipos de intervención en tres bloques, atendiendo a la sintomatología propia de la demencia: físico, cognitivo, emocional/social.

INTERVENCIÓN A NIVEL FÍSICO

Aquí los profesionales que nos pueden ayudar son: el equipo médico, encabezado por el/la médico/a de atención primaria (ya que es con quien mantendremos un contacto más continuado y con quien nos entrevistemos en primer lugar cuando detectemos los primeros síntomas), los distintos especialistas como el Neurólogo/a o el/la Psiquiatra, enfermeras/os y demás profesionales sanitarios.

Todos ellos se ocuparán de recetar y supervisar la medicación que consideren pertinente, así como de controlar la sintomatología física mediante distintas pruebas como análisis de sangre, pruebas de neuroimagen, control de tensión arterial, diabetes, curas, o control de las distintas enfermedades que pueden estar presentes anteriormente al inicio de la demencia o que han aparecido tras su inicio.

En este sentido, juegan un importante papel los Fisioterapeutas, quienes se encargarán de vigilar los aspectos relacionados con el movimiento, especialmente en aquellos casos en los que esta parte se vea más afectada, como puede ser la Enfermedad de Parkinson,  la Corea de Huntington o la Demencia Vascular.

 

 

 

 

INTERVENCIÓN A NIVEL COGNITIVO

La intervención a nivel cognitivo en la demencia se basa principalmente en realizar actividades de carácter cognitivo mediante las que se intenta estimular o potenciar las capacidades conservadas, y así  compensar las capacidades más afectadas. Dependiendo del grado de afectación, se emplearán técnicas estimuladoras (cuando la función esté relativamente conservada) o compensatorias (cuando la afectación sea mayor) [6].

El profesional encargado de este tipo de intervención es el Neuropsicólogo, quien, después de realizar una valoración cognitiva (la cual recoge tanto los resultados de los test neuropsicológicos, como la información obtenida de los cuidadores y de la persona afectada, así como las observaciones realizadas por el profesional durante el proceso de valoración) , determinará un perfil cognitivo de la persona que refleja qué funciones cognitivas se encuentran afectadas y cuáles conservadas.

Realizar esta valoración, a pesar de que puede resultar agotador para el paciente, es de crucial importancia, ya que a partir de ella se establecerá el programa de intervención, que deberá ser siempre personalizado, en función del perfil neuropsicológico obtenido.

Lo más beneficioso es que la intervención sea fundamentalmente individual, ya que cada persona, a pesar de presentar el mismo tipo de patología, tiene un perfil diferente. Además, debido a la posible dificultad para mantener la atención, trabajar de forma individual le ayudará a centrarse mejor en los ejercicios y se reducirá la fatiga que genera realizar las distintas actividades.

Los ejercicios que se realizan durante estas sesiones se centran, como dijimos anteriormente, en estimular las distintas funciones cognitivas, (como pueden ser la atención o la memoria), o en compensarlas si se encuentran muy afectadas. Un ejemplo de ejercicios de estimulación de la Memoria serían las tareas de recuerdo, como memorizar una lista de la compra o un número de teléfono, recordar qué tareas hemos realizado antes de ir a la sesión o cuáles tenemos pendientes para después. Otro ejemplo son las tareas de tipo atencional, como buscar en un catálogo los distintos productos que te indique el terapeuta [7].

Por otro lado, si nos centramos en compensar las funciones cognitivas muy afectadas, sobre todo emplearemos ayudas externas, como puede ser el uso de agendas, calendarios o alarmas para facilitar el recuerdo.

INTERVENCIÓN A NIVEL EMOCIONAL/SOCIAL

En este sentido, los profesionales de referencia serán principalmente el Psicólogo Clínico y el Psiquiatra.

Estos profesionales se encargarán de tratar los posibles síntomas neuropsiquiátricos que surjan como consecuencia del proceso demencial, como pueden ser: tristeza, apatía o falta de iniciativa, agitación, insomnio, ansiedad, pérdida de interés, o, en los peores casos,  agresividad.

El tratamiento aquí podrá ser tanto farmacológico (toma de medicamentos), como no farmacológico. En el primer caso, el profesional responsable será fundamentalmente el Psiquiatra, aunque también puede ser el Neurólogo. En el segundo caso, el Psicólogo Clínico será en responsable de intervenir sobre todos estos síntomas, aplicando tanto terapia psicológica (la más empleada es la de tipo Conductual) como estableciendo pautas en casa para poder intervenir de forma más global y eficiente [8].

Se debe de tener en cuenta que las terapias psicológicas podrán realizarse en aquéllos casos en que la persona conserve la capacidad de mantener una conversación a un nivel más o menos complejo, así como la capacidad de introspección. En fases más avanzadas de la enfermedad, la intervención se basa especialmente en el establecimiento de pautas conductuales en el hogar.

No obstante, también se emplean otras técnicas que trabajan fundamentalmente con la capacidad que más resiste al deterioro demencial: la emoción. En este sentido, un destacable ejemplo es la musicoterapia, la cual consiste en emplear la música como elemento terapeútico: se puede emplear música relajante con un efecto calmante, o fomentar el movimiento mediante el ritmo, así como estimular la creación de melodías y/o ritmos por parte de los participantes [9].

CONCLUSIONES

Como podemos deducir después de todo lo comentado anteriormente, la Demencia es una realidad compleja y heterogénea.

Hablar de “Demencia Senil” no es adecuado, ya que los procesos demenciales no están necesariamente sujetos a la edad. Es decir, se puede padecer demencia sin ser anciano. Y se puede ser anciano sin padecer demencia.

Actualmente, se continúa investigando sobre las posibles causas de la Demencia, así como sobre las distintas formas de abordarla. Todos los esfuerzos se dirigen tanto a una detección precoz, como al diseño de nuevos tratamientos, tanto de tipo farmacológico como no farmacológico. El objetivo conjunto es el de ofrecer al paciente una intervención lo más precoz posible, de calidad, adaptada a cada necesidad y destinada tanto a intentar frenar la progresión de la enfermedad como a paliar los efectos negativos que conlleva, tanto en la persona afectada como en sus cuidadores.

Nosotros, los profesionales, tenemos un objetivo común y claro: facilitar la vida de las personas que sufren esta realidad. Por este motivo, si usted se encuentra al cuidado de un persona con demencia, o si usted mismo es el que la padece, no dude en buscar ayuda. No se encuentra solo. Estamos juntos en este proceso.

 

REFERENCIAS

  1. González Rodríguez, V.M. (2008-02). «La demencia senil no existe. Compromisos de la Atención Primaria en el diagnóstico y seguimiento de los pacientes con deterioro cognitivo y sus familiares». SEMERGEN – Medicina de Familia 34 (2): 49-51. ISSN 1138-3593. doi:10.1016/S1138-3593(08)71849-5
  2. OMS – Organización Mundial de la Salud (2002): Active Aging. Ginebra: WHO
  3. Ritchie, K., & Kildea, D. (1995). Is senile dementia” age-related” or” ageing-related”?—evidence from meta-analysis of dementia prevalence in the oldest old. The Lancet, 346(8980), 931-934
  4. American Psychatric Association. (2014). Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-5
  5. Peinado Portero, A. I., & Garcés de Los Fayos Ruiz, E. J. (1998). Burnout en cuidadores principales de pacientes con Alzheimer: el síndrome del asistente desasistido. Anales de psicología, 14(1).
  6. De León, J. M. R. S. (2012). Estimulación cognitiva en el envejecimiento sano, el deterioro cognitivo leve y las demencias: estrategias de intervención y consideraciones teóricas para la práctica clínica. Revista de Logopedia, Foniatría y Audiología, 32(2), 57-66.
  7. Arroyo-Anlló, E. M., Díaz-Marta, J. P., & Chamorro Sánchez, J. (2012). Técnicas de rehabilitación neuropsicológica en demencias: hacia la ciber-rehabilitación neuropsicológica. Pensamiento Psicológico, 10(1), 107-127.
  8. Olazarán-Rodríguez, J., Agüera-Ortiz, L. F., & Muñiz-Schwochert, R. (2012). Síntomas psicológicos y conductuales de la demencia: prevención, diagnóstico y tratamiento. Rev Neurol, 55(10), 598-608
  9. De la Rubia Ortí, J. E., Espinós, P. S., & Iranzo, C. C. (2014). Impacto fisiológico de la musicoterapia en la depresión, ansiedad, y bienestar del paciente con demencia tipo Alzheimer. Valoración de la utilización de cuestionarios para cuantificarlo. EJIHPE: European Journal of Investigation in Health, Psychology and Education, 4(2), 131-140.

Molinuevo, J. L., & Peña-Casanova, J. (2009). Grupo de estudio de neurología de la conducta y demencias. Guía oficial para la práctica clínica en demencias: conceptos, criterios y recomendaciones. Barcelona: Sociedad Española de Neurología (SEN).

 

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