¿Cómo detectar y prevenir la deshidratación en los ancianos?

deshidratación en los ancianos

¿Cómo detectar y prevenir la deshidratación en los ancianos?

Mantener el cuerpo hidratado es importante durante todo el año, aunque es más evidente que resulta necesario durante los meses de verano porque es cuando más pérdida de líquidos sufrimos. Es entonces cuando resulta más peligroso, pero en cualquier momento nuestros mayores pueden sufrir una deshidratación porque tienen menos reservas de agua en el organismo.

La deshidratación en los ancianos es uno de los efectos secundarios adversos derivados del uso de sujeciones con personas mayores dependientes.  Este es un factor que podemos controlar utilizando medidas alternativas como hacen los centros Lares .

 

Forma parte de nuestra labor en Lares Comunidad Valenciana realizar tareas de prevención y por eso estamos pendientes de situaciones de riesgo que podrían poner en peligro su salud. Nos fijamos en síntomas leves o moderados como aumento de la sed, pérdida de apetito, estreñimiento, fatiga, somnolencia, dolores de cabeza, poca orina, inestabilidad emocional, baja concentración…

La deshidratación puede clasificarse según el porcentaje de pérdida de peso debido a la pérdida de líquido. Cuando equivale al 6-8% entonces aparecen síntomas más graves como aumento de la temperatura y de la frecuencia cardíaca, confusión mental, mareos, debilidad muscular, dificultad para respirar y hablar… Un porcentaje mayor puede llevar a espasmos musculares y a fallo renal.

La gravedad de la deshidratación también tiene que ver con la velocidad a la que se pierde el agua: si se produce bruscamente, los síntomas serán más graves; si es una pérdida gradual, el organismo muestra primero los síntomas leves al intentar recuperarse de la pérdida de líquidos.

El porcentaje de agua en el cuerpo es diferente entre hombres y mujeres y disminuye con la edad. La recomendación de ingesta de agua del Institute of Medicine de los Estados Unidos (recogida por la web El Farmacéutico) tiene en cuenta estas variables. Así, para hombres mayores de entre 51 y 70 años recomienda 3,7 litros al día y 2,6l si tienen más de 70. Para las mujeres la cantidad es inferior, 2,7l para las que tienen entre 51 y 70 años y 2,1 si pasan de los 70.

Se calcula que la función de los riñones se reduce considerablemente con la edad: a los 80 años, su función es entre el 50-60% menor que a los 30. Por eso la situación personal de cada anciano hará que varíe la recomendación, también considerando posibles enfermedades. Por ejemplo, en caso de una infección urinaria pueden recomendarse un par de vasos más de agua o si se detecta pérdida de electrolitos en el metabolismo.

El líquido no proviene únicamente del agua así que puede combinarse con otro tipo de bebidas como zumos, batidos o también sopas, según la época del año. Para complementar la ingesta de líquidos, se puede incorporar a la dieta más verdura y fruta rica en agua. Entre los alimentos que más agua tienen están: lechuga, tomate, espárragos, berenjena, coliflor, cebolla, judías verdes, espinacas… También la fruta es muy buena, sobre todo en verano cuando están más frescas: melón, sandía, fresas, piña, cerezas, uvas, naranjas…

Eso sí, siempre hay que cuidar que no entorpezcan en su alimentación habitual y evitar en la medida de lo posible bebidas diuréticas como el café o las infusiones, las azucaradas como los refrescos y, evidentemente, el alcohol.

Aunque la deshidratación puede venir de problemas físicos, también puede ser una cuestión voluntaria. Por ejemplo, hay ancianos no quieren beber agua intencionadamente, para no levantarse a orinar por la noche o por incontinencia urinaria. En estos casos, no hay que obligarles pero sí animarles a que beban, por ejemplo, utilizando su bebida preferida como excusa.

Para prevenir la deshidratación en ancianos, solemos aprovechar la toma de medicamentos de manera que beben un poco más de “lo mínimo para pasar la pastilla”. También hay que tener en cuenta que el momento de beber agua puede variar según cada persona. La recomendación habitual es hacerlo de forma gradual siendo aconsejable beber un par de vasos al levantarse porque favorece la movilidad intestinal. Beber una mayor cantidad por la mañana y hasta media tarde ayuda también a disminuir las posibilidades de levantarse varias veces al baño durante la noche.

Pero la deshidratación no tiene que ver solo con cuánto líquido se ingiere, también con cuántos se pierde. Hay que fijarse en qué puede provocar una pérdida de agua en el cuerpo. Por ejemplo: puede deberse a pasar un proceso febril, un problema gastrointestinal como vómitos o diarrea, incluso un tratamiento erróneo con diuréticos o una enfermedad que altere la sensación de sed.

Enfermedades como la hipertensión arterial o las cardiovasculares pueden tener una incidencia en la hidratación. Y también aquellos factores que puedan alejar al anciano de la bebida como disminución de la movilidad, problemas visuales o  alteraciones cognitivas que afectan a la comunicación. Hay que considerar también situaciones del entorno que pueden favorecer la deshidratación como la temperatura y humedad de la habitación, la actividad física o la ropa.

En estos todos casos, hay que estar más atento a los síntomas y recordarles que no hace falta tener sed para beber. La sed es un mecanismo de defensa del cuerpo que se activa para avisarnos de que necesitamos mantener el equilibrio entre el agua que entra y la que sale, ya sea vía sudoración y orina.

En Lares prestamos atención a todos los detalles para asegurar una correcta hidratación y así evitar problemas de salud que podrían evitarse, simplemente, bebiendo un poco más. Tenemos protocolos individualizados de actuación para tener controlada la hidratación de todos los ancianos a nuestro cargo.

La disfagia orofaríngea, que se presenta como atragantamiento,  después de beber o tomar alimentos con textura líquida pueden dificultar la hidratación adecuada. Este tipo de atragantamiento al comer y beber se asocia con frecuencia a las demencias , tanto de tipo Alzheimer, como vasculares o de Parkinson.  Debe vigilarse la textura de los alimentos y las bebidas para conseguir el espesor adecuado con el uso de espesantes.

En Lares prestamos atención a todos los detalles para asegurar una correcta hidratación y así evitar problemas de salud que podrían evitarse, simplemente, bebiendo un poco más y evitanto las sujeciones. #SiCuidasNoSujetes con la colaboración de la Conselleria de Igualdad y Políticas Inclusivas de la GVA.

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BIBLIOGRAFÍA

 

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