Situación Actual y Atención Centrada en la Persona.

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Situación Actual y Atención Centrada en la Persona.

Las residencias y centros de día de Lares CV hemos destinado mucho tiempo y  esfuerzo para implantar unos cuidados coherentes con la Atención Centrada en la Persona. El empoderamiento de las personas mayores a las que atendemos,  la adaptación de los entornos para favorecer las relaciones interpersonales, el fomento de las relaciones con la familia y su integración en el centro,  la potenciación de la libre elección de las personas en referencia a los horarios,  el libre uso de los espacios individuales y comunes, la formación de los profesionales de referencia, el conocimiento de las historias de vida… son algunos de los aspectos que hemos ido desarrollando para empoderar a las personas y potenciar su autodeterminación, su individualidad y su capacidad de elección.

Todo ello constituye un breve resumen de nuestra historia reciente en referencia a la evolución de nuestro sistema de cuidados, que ahora nos parece muy lejana,  ya que estamos sumidos en un día a día plagado de mascarillas, de guantes, de espacios aislados y de restricciones, tanto para los trabajadores como para las propias personas usuarias.

Las personas residentes han visto como hemos vuelto a uniformes sanitarios que no dejan ver nuestra sonrisa, como deben quedar confinados en habitaciones o en grupos reducidos, como de relacionarse libremente han pasado a no poder abrazar ni ser abrazados, a tener grandes distancias físicas entre ellos y sus compañeros, a estar alejados de sus familiares y seres queridos…

Los profesionales de los centros vivimos esta situación con una mezcla de miedo, de pena, de excepcionalidad, de nerviosismo, de ansiedad… Por no poder llegar a todo, por no hacerlo del todo bien, porque algo se nos escape y no informemos a todos y de todo, o se olvide algún detalle importante de algún protocolo, instrucción, resolución u orden de alguno de los organismos públicos que han asumido el control de esta crisis sanitaria.

Entre todo ese maremágnum de medidas restrictivas y de emociones negativas podemos llegar a pensar que todo lo que hemos hecho anteriormente no sirve de nada, que esto es un paso atrás, y que será muy difícil llegar de nuevo a conseguir la situación previa a la pandemia con respecto a una atención centrada en las personas.

No obstante, y a pesar de todo lo anterior,  hemos podido observar que, aunque se ha tenido que minimizar las intervenciones de los profesionales del área psicosocial, y a pesar de la presión y del cansancio del personal, se ha tenido muy presente en todos los centros las necesidades emocionales y psicológicas de las personas usuarias y de sus familias, y en todos ellos se han potenciado las interacciones con familiares y seres queridos por medio de llamadas telefónicas, o Skype o videollamadas… Se ha invertido tiempo en explicar a los familiares y a los usuarios el porqué de estas medidas, hemos visto como nacen nuevas iniciativas solidarias y de voluntariado, estamos presenciando como las comunidades de referencia han llamado a nuestras puertas preocupándose por nuestras necesidades y solidarizándose con nosotros y sobre todo, se ha tenido y se tiene muy presente por parte de los equipos de profesionales,  la condición de excepcionalidad de esta situación y se desea fervientemente la vuelta a la normalidad,  en la que el día a día y la convivencia pueda volver a ser la de antes.

Todo este camino que hemos andado juntos hacia una Atención Centrada en la Persona, junto con el contraste absoluto con la situación actual,  está siendo una experiencia que nos ha llevado a valorar todavía más si cabe los detalles que convierten nuestra atención en una labor de empoderamiento de la persona, que protege su dignidad, su libertad de elección y su bienestar emocional.

Aunque todavía no se vea la luz al final del túnel, cuando podamos volver poco a poco a nuestra rutina, sabemos que ésta ya incluirá  las premisas del AICP, porque todos estamos ya formados y sensibilizados  en ese sentido, y porque nos hemos dado cuenta que es la forma en que queremos trabajar  y la forma en que las personas a las que atendemos quieren ser tratados.

Así que ahora, sonriamos por debajo de nuestras mascarillas y miremos a los ojos a las personas a las que cuidamos, porque a pesar de todas las barreras y de los uniformes y de las medidas, la distancia afectiva debe ser la menor posible, por el bienestar de las personas mayores y por el nuestro propio.

Y es que nuestro objetivo no ha variado,  es y será el mismo, cuidar a las personas con pasión y desde  el respecto más absoluto a su dignidad.

 



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